PROVINCIALES

TRES VECINOS CUENTAN SUS EXPERIENCIAS EN ZONAS RURALES DE ISLA NAVARINO

Gracias a las rondas médicas integradas por personal del Hospital Comunitario Cristina Calderón y autoridades locales, pudimos conocer las experiencias de gente que vive su cotidianeidad fuera de Puerto Williams, en medio de la propagación del coronavirus a nivel mundial.

Hace 30 años que María Candelaria Alvarado vive en el sector rural de Lum, en Isla Navarino, Chile. En este lugar, ubicado a unos 30 kilómetros al oeste de Puerto Williams, camino a Puerto Navarino, la mujer tiene su hogar en un verdoso terreno con vista al canal Beagle y a Ushuaia, Argentina.

Desde que comenzó a propagarse la pandemia del coronavirus a nivel mundial, llegando tanto a Chile como al vecino país -y consecuentemente a dicha isla-, María Candelaria ha aprovechado de mantenerse al tanto de lo que sucede.

Pese a estar la mayor parte del tiempo desconectada de todo, especialmente cuando recorre los campos para arrear su ganado, trata de informarse lo que más puede. Un canal argentino es el único que puede ver en su televisor, misma suerte corre al sintonizar la radio: sólo emisoras de Ushuaia. Las antenas no le dan para más y sólo puede ver la TV durante cierto período del día, ya que usa paneles fotovoltaicos para obtener energía. “Apago todo y a veces prendo la tele un ratito para escuchar las noticias. Para el resto, tengo una radio a pilas y con ésa escucho las noticias de Argentina”, explica.

Luego de casi dos meses desde que se inició la propagación del Covid-19 en ambos países, María Candelaria concluye que esto es un problema “de todo el mundo. Toda la gente está preocupada de todo”. Y, antes de que llegue una comitiva de salud y servicios púbicos, manifiesta que “me preocupo porque mis hijos están lejos. Tengo nietos. Mis hijas, mis hijos, están fuera de acá. Tengo una sola (hija) acá nomás. Entonces, ése es el problema que pienso igual: uno piensa por su familia”. Y añade: “Le agradezco un montón a toda la gente: a Carabineros, los enfermeros, las enfermeras, al hospital. Yo quiero mucho a la gente porque a mí me han tratado muy bien, gracias a Dios”.

Así como ella, unas 15 personas que viven en zonas rurales de Isla Navarino han sido visitadas por personal médico del Hospital Comunitario Cristina Calderón, con el fin de realizar los controles respectivos, tanto para pacientes crónicos como quienes tienen alguna consulta por morbilidad.

A algunas de estas rondas médicas también han asistido autoridades de la Gobernación Antártica Chilena, Distrito Naval Beagle de la Armada de Chile, Municipalidad de Cabo de Hornos, IV Comisaría de Carabineros de Puerto Williams y Policía de Investigaciones. Sectores como La Estrella y Bahía Mejillones –al oeste-, y Chaparrales y Caleta Eugenia –al este-, han sido visitados por la comitiva.

Al respecto, el gobernador de la Provincia Antártica Chilena, Nelson Cárcamo, manifiesta que los residentes atendidos “afortunadamente están muy bien resguardados. Están en sus casas habituales, por lo tanto, es una vida normal la que ellos están llevando en este tiempo. Y, obviamente, también reciben de muy buen agrado las visitas que le hacen las autoridades y los equipos especializados del Hospital Comunitario Cristina Calderón”.

Por su parte, el director del mencionado recinto de salud, Fabián Barrientos, menciona que esta acción “es parte del trabajo que estamos realizando, en relación a la contingencia actual y también a las actuales condiciones climáticas, ya que se nos acerca el invierno, por lo tanto, esperamos contar y continuar con este tipo de rondas rurales, en que podamos acercar a nuestros profesionales del hospital comunitario a la comunidad”.

Otro de los residentes en zonas rurales de la isla es Amador Zapata, quien vive en Caleta Eugenia, ubicada al extremo este de la Ruta Y-905 –a unos 25 kilómetros de Puerto Williams-. Desde su casa, ubicada en una amplia bahía subantártica, sólo puede sintonizar radioemisoras argentinas, al igual que María Candelaria.

La comitiva médica y de autoridades que iba rumbo a su hogar para encontrarlo, se topó con Zapata cuando junto a su hijo se dirigía hacia Puerto Williams con el fin de obtener aprovisionamiento. A mitad de camino, y a pesar del aguanieve que comenzaba a caer, lograron entablar conversación con él por unos minutos, consultar por su estado de salud y entregarle productos esenciales, como mascarillas y víveres.

“Acá en ningún momento me he sentido solo ni aislado, porque siempre las autoridades están pendientes de todo. Por cualquier cosa, necesidad que yo tenga, las autoridades siempre están en conocimiento de lo que estoy haciendo acá”, remarca Zapata. “Dejemos esto en manos de las autoridades (…) Y que nosotros cooperemos también en disponer de nuestra gente, de las instrucciones que ellos dan, cumplirlas al pie de la letra, porque eso nos protege a todos”.

Poco antes del encuentro con Zapata, la comitiva llegó hasta la casa de Cecilia Mancilla, ubicada en una loma con una bella vista al canal Beagle y a la Isla Grande de Tierra del Fuego. En aquel lugar decidió pasar gran parte de su cuarentena voluntaria, estando acompañada la mayor parte del tiempo por su perrita Nata y una entrañable yegua llamada Érica.

“Es súper importante que vengan las personas para ver cómo una se encuentra, sobre todo los médicos para ver los temas de la presión, porque al final una no sabe cómo está”, comenta Cecilia, en una zona que desde niña acudía junto a su familia. Estando en su balcón, con las nubes grises que ocultan las altas montañas a su espalda, reflexiona: “aquí, en la tranquilidad, estar solita y evitar todo tipo de contacto, está muy bien”.

Fuente: Radio Polar

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