Juan Nesbet García, más de medio siglo tras el
Un timbre de voz querido para los residentes en la isla grande ha sido, por varias décadas, el de este profesional de la comunicación radial, fueguino por adopción
En Puerto Montt, ciudad de las cuatro colinas, capital de la provincia de Llanquihue, el matrimonio compuesto por Juan Bautista Nesbet Barra y Blanca Ester García Díaz, recibe 18 de diciembre de 1952 a un nuevo miembro de la familia, al que bautizaron con el nombre del profeta y su obra: Juan Bautista.
Vivían en la calle Vicente Pérez Rosales, cercano a la bahía de Angelmó, ubicada frente a la isla Tenglo.
Juan Bautista, nos conduce con sus evocaciones a conocer su azarosa vida que lo lleva, con el tiempo, a transformarse en un reconocido comunicador social.
“En Puerto Montt hay dos calles que eran consideradas las principales: Antonio Varas y José Tomás Urmeneta”.
Los nombres de esas arterias obedecen a dos próceres chilenos: Antonio Varas de la Barra, abogado y político chileno y José Tomás Urmeneta, apodado “El loco del burro” por la apasionada e incansable búsqueda de minerales a lomo del noble bruto.
Chispazos de juventud, lo encaminan a su época de niño:
“Mis estudios primarios los realicé primero en la Escuela Nº10 y luego en el internado Nº40, de Piedra Azul, ubicada a 12 kilómetros de la ciudad, camino a Pelluco”.
“Las razones de mi ingreso allí, fueron económicas, puesto que mi madre quedó viuda cuando yo tenía tres años”.
“Allí, creí haber terminado mis preparatorias, cuando cursé y aprobé el sexto año y con mis compañeros hicimos beneficios para realizar una gira de estudios al puerto de Talcahuano. Regresamos felices para ingresar al año siguiente a primero humanidades, un nuevo peldaño en los estudios, pero, nos encontramos con la ingrata sorpresa de la Reforma Educacional de 1965 que aumentó en dos años la educación básica y tuvimos que matricularnos hasta completar octavo básico”.
“Una circunstancia del barrio vino a sembrar en mí el bichito de la radio”.
“Frente a nuestro domicilio llegó a vivir el conocido relator y cronista deportivo Edmundo Jhonston. Me hice amigo de su hijo y cuando a Edmundo le correspondía trabajar, para la emisora Vicente Pérez Rosales, nos llevaba a ambos al estadio, o al automovilismo, en los tiempos de Boris Garafulic y Papín Jaras”.
“Ya joven, en el tiempo de la Unidad Popular, ingresé a trabajar a Lan Chile, como operario, en la misma época en que también se desempeñaba en la empresa Manlio Foretic. Pero la alegría de estar en ese desempeño duró poco, ya que vino el golpe militar y todos los acomodados políticos, para afuera. Yo, desde muy temprana edad integré el Partido Radical”.
“Cuando frecuentaba la radio Vicente Pérez Rosales, tanto Edmundo Jhonston como el periodista Oscar Meza Hernández, eran radicales y me entregaron sus ideas políticas”.
“A mí, desde muy niño me gustó la lectura en voz alta y los libros y periódicos que llegaban a mis manos los leía a viva voz y, fue tanto el impacto que produje en la familia, que mis padres pensando que yo era ‘leso’, me llevaron a un médico especialista que, luego de examinarme, les dictaminó: ‘El niño es muy inteligente y los locos son ustedes’”.
“Por la experiencia adquirida en Lan, donde tuve acceso a los teletipos y las comunicaciones, me dio la idea de trabajar en radio, pero en ese tiempo el ingreso era muy exigente y uno postulaba hasta medio año y para lo único que se le admitía, era decir la hora y, en otras ocasiones la frase “esta es la radio Vicente Pérez Rosales”, y nada más”.
A Magallanes
“Me correspondió el Servicio Militar, donde luego de estar alrededor de cuatro meses en el Ejército, fuimos licenciados por exceso de contingente. Fue graciosa esta circunstancia, porque el comandante del Regimiento Sangra, de Puerto Montt, nos formó y pregunto: -¿Quién no quiere hacer el Servicio Militar? Que den un paso al frente los que se quieren ir”.
“Muchos lo hicieron, casi todos, yo no; y el jefe les dijo: -Ya, ustedes se quedan y el resto se va a su casa”.
“En Lan Chile nos daban una cuota de pasajes liberados para viajar por el país y, con uno de estos boletos me vine a Punta Arenas, donde tenía unos parientes. No traía tanto dinero y rápidamente lo gasté y, ante la necesidad, vendí mi boleto de regreso. Mi madre tuvo que enviarme el pasaje de vuelta con el cual regresé a Puerto Montt, pero sólo por un tiempo ya que me gustó Magallanes y me vine a Puerto Natales”.
“Allí encontré a Alfredo Fernández, el famoso ‘Cururo’, con el cual había tenido la suerte de trabajar con él en la capital de la provincia de Llanquihue. También estaba en esa localidad Héctor Romero Gallardo, ‘Pajarito’, técnico de radio Paine, al cual también lo conocí en Puerto Montt y nos dimos un tremendo abrazo al encontrarnos en calle Eberhard”.
-Ando sin pega, estoy cesante –le dije.
-Donde yo trabajo, faltan locutores –me respondió. Yo voy a recomendarte con el señor Navarro, director de la emisora.
“Fui a presentarme y, en ese mismo tiempo, ingresaba también al medio, la conocida locutora María Cores, y recomendado igualmente por Alfredo Fernández, quedé trabajando en dupla con Mari”.
“Estuve más de ocho años en esa radio y luego me trasladé a Porvenir”.
“Coincidió que llegó a trabajar a Puerto Natales, el porvenireño Rigoberto Agurto, al cual ayudé bastante en sus labores. Agradecido por ello, siempre me decía: -Yo algún día te voy a llevar a Porvenir, porque allá, la alcaldesa Malva Mancilla, quiere instalar una radio y apenas la instalen hablaré para que vayas a trabajar a ese lugar”.
“Cierto día, Rigoberto me llama desde Porvenir pidiéndome que me traslade de inmediato a la capital fueguina. -La radio se instaló, pero primero debes pasar a Punta Arenas a conversar con Iván Lara”.
“En ese tiempo ya tenía familia. Estaba casado con la natalina Sonia Santana Macías, a la cual conocí porque su casa era vecina con el edificio de Radio Paine. Cuando nos encontrábamos nos poníamos a conversar y un día decidimos pololear y, con el tiempo nos casamos. Tuvimos dos hijas: Paola Andrea, que actualmente trabaja en la Escuela Bernardo O´Higgins de Porvenir, que me ha dado una nietecita, Bárbara, y Carolina, asistente social de la Municipalidad de Punta Arenas”.
“Vine a modo de prueba a Porvenir y ya estoy treinta y ocho años en esta localidad. Comencé haciendo programas radiales a la vez que redactaba y grababa avisos publicitarios”.
“También, como sucede en las radioemisoras de provincia, colaboraba en prensa y, con el tiempo, me desempeñé como corresponsal de radio Polar de Punta Arenas”.
“Más de medio siglo en radio, me ha dado la experiencia de valorizar en su justa medida este medio informativo porque el servicio que presta a la comunidad, especialmente en esta zona, es invaluable”.
“Prácticamente, todas las amistades que tengo han sido adquiridas a través de mi trabajo en radio, porque aquí uno se da a conocer y más aún en mi caso que yo siempre he sido muy amistoso y me he mostrado siempre alguien amable y sencillo. Incluso en más de una oportunidad he pasado avisos gratis cuando veo que la persona que lo lleva no es de grandes ingresos o simplemente carece del dinero para cancelar el servicio”.
“Nunca me he vanagloriado de mi trabajo, y para mi es igual estar en una emisora grande como en una pequeña”.
“También he tenido a muchos colegas durante mi carrera, a los cuales he podido ayudar o aprender de ellos, con humildad”.
“En estos cincuenta años de radio, lo he dado todo por este medio informativo. Y es tanto, que cuando la emisora presenta alguna falla y está más de una semana ‘caída en el piso’, mi genio se pone malo y, lamentablemente, el problema lo llevo hasta mi hogar, donde la paciencia de mi esposa apaciguaba los ánimos”.
“A la fecha, aún me desempeño en radio Porvenir, emisora en la cual me han acogido como una verdadera familia, pero mi salud no me ha acompañado en el último tiempo y, a pesar de la licencia médica, sigo concurriendo de vez en cuando para ver en que puedo colaborar o ayudar entregando mi experiencia adquirida”.
“Quiero hacer llegar mi mensaje, especialmente a la gente del campo y de la pesca, a la cual yo estimo mucho. Les digo que quieran a su radio y la escuchen, para saber lo que ocurre en la región, porque hay ocasiones en que la gente no se entera de un aviso de corte de agua en el pueblo, por escuchar emisoras capitalinas. Y luego reclaman”.
“Yo, no estoy diariamente como antes, pero si mantengo a todos mis auditores en mi mente y en mi corazón”.
“Porque la radio se me metió en el alma”.
Fuente: La Prensa Austral
